26.9.11

Las Páginas de Malika (VII)

Nueva carta de nuestro amigo Carlos Pita.



Enviado a mediados del mes de julio, cuando nuestro estimado editor se hallaba disfrutando de sus vacaciones estivales, mientras otros, no tan dichosos, continuábamos en nuestro sitio, al pie del cañón. 

(Nota del editor: a pesar de que tengo absolutamente autoprohibido hacer ningún comentario sobre estos textos, esta nota del autor es, como mínimo, matizable... :)  


Saludos , Carlos 

De nuevo una nueva página de Malika. 

Aunque andes de vacaciones, no quita que dejemos de escribirnos. Digo yo. Una de las cosas que más me gusta del e-mail este es que, queramos o no, ha renovado el género epistolar. Hemos vuelto a escribir cartas con más fuerza. No dejaba de tener su encanto, un tanto trasnochado, lo sé, aquello de pegar el sello con la lengua, ir a correos, dejar la carta dentro del buzón, preguntar cuando llegará; lo mismo que recibir una carta que no sea ni del banco ni publicidad. Yo aún guardo las cartas de amor que me enviaba Mar, que fue mi mujer. Pocas veces he vuelto a leer con tanta satisfacción, ¡ni con el Padre Brown!. No sabes con que ilusión las sacaba del buzón, luego las abría de un modo particular, un pequeño ritual, para terminar devorándolas. Pero sí, el mail este es una maravilla. Como el hecho de que yo te escriba y  tu “cuelgues“ las cartas en tu blog para que las pueda leer todo aquel que quiera, en cualquier lugar, en cualquier momento. Maravilloso. Es muy estimulante escribir para ti pero sabiendo que no sabré nunca quien nos lee realmente. Se establece, o por lo menos yo así lo siento, una extraña complicidad. Hay unos versos de San Juan de la Cruz que suelo citar a mis alumnos de la escuela, que más o menos dicen esto:

"Para llegar a donde no sabes/ debes de ir por donde no sabes."

Cada vez tengo más claro que las páginas de Malika intentan hacer eso mismo. Por eso te reitero mi petición de que seas cumplidor con nuestro informal acuerdo y “cuelgues” las páginas que te envío más o menos con cierta constancia, con alegre regularidad. Me parece necesaria. Creo en el compás, que diría un flamenco. Hay ciertos asuntos que lo exigen, y no me refiero solo al follar, es que te estoy viendo con esa sonrisita y claro… disculpa la ordinariez. Pues eso, que espero que no tardes mucho en colgar esta y las otras paginas anteriores que te he ido enviando. Pero lo fundamental, disfruta de tus vacaciones. Sé que lo estás haciendo. Así me gusta, campeón. 

Hoy vamos a liarnos con el viajar. Con los viajes, con el viaje. No, no  pienso hablar de alucinógenos. Eso lo haremos cuando la página malikeña nos dé pie a ello. Creo, ya sabes, los gallegos nunca afirmamos rotundamente casi nada, que hay alguna de Junger que nos podrá servir para los viajes lisérgicos. Don Xabier me transmitió su pasión por Junger. La diferencia es que el cabrito lo leía en alemán… aunque ahora que lo pienso, ¿qué hace Don Ernst trascrito al español?. La argelina siempre rodeada de incógnitas… 

Ya te hablé de la juventud viajera de Don Xabier, de cómo pasó años sin un techo ni un rumbo fijo vagabundeando  primero por Europa para luego saltar a América en busca de su particular El Dorado, que no fue capaz de encontrar. “O sí”, solía puntualizar sonriendo Don Xabier cuando rememoraba sus andanzas americanas “de Terranova a Tierra del Fuego”. Los primeros años fueron una decidida apuesta por conocer la pintura europea,“por enfrentarme cara a cara con la historia del arte occidental. Quería ser pintor, eso me creía entonces, artista, ¡manda carayo!, me ahogaba estando quieto, sentí la necesidad de ver una por una las obras de los maestros, y me puse a andar tras ellas, así, sin más. Y vive Dios que no sólo vi pintura” Después vino América. “Ahí me puse a andar tras ellas, pero esta vez, tras unas piernas. Como sabes, siempre mucho más estimulantes. Es más, hubiese quemado Las Meninas y los frescos de Piero con tal de hacerla reír. Si me apuras quemaría lo que hiciese falta por volver a sentirme tan amado, tan deseado”; aquí Don Xabier siempre derivaba hacia una queja “retranqueira”*1 sobre la edad, los achaques ,lo que le llevaba a arremeter contra los médicos, uno de sus últimos temas favoritos cuando no lo hacía contra Luís Buñuel, al que llamaba “vil mentiroso”, por afirmar, en sus memorias *2, que al sentirse liberado de la lívido se había concentrado en la comida, ya que la tenía asegurada , por lo menos, tres veces al día. “Cómo se pueden escribir semejantes vilezas, por una frase ingeniosa son capaces de faltar a lo más sagrado. En cambio recuerda a Hemingway, a Belmonte…”.Hacían falta, por lo menos, un par de güisquis para que Don Xabier dejase de gruñir y hacer el cascarrabias. Lo cual era una lástima. Sus momentos más desternillantes y de conversación más creativa eran estos. 

 

Oriente. Oriente lo comenzó a frecuentar después de su llegada a Cambridge. ”La puerta a Oriente la descubrí, de la mano de una inglesa loca, alcoholizada y charlatana, todo sea dicho, una noche de ouzo y rebética en el puerto de El Pireo. Nunca  le estaré todo lo agradecido que debiera… No te engañes Carliños, las puertas de los sitios importantes suelen acabar estando en otro lado. Solo hay que saber mirar…” Líbano, Siria, Irak, Irán, Afganistán, India, Indochina, Indonesia, Japón, Ceilán,…. Luego, llegó África, apenas recorrida, después, volvió al pazo. No se volvió a mover de ahí. Cuando le preguntaba del porqué de su inmovilidad me contestaba con un lacónico: “¿Para qué?. O se comparaba con el rodaballo o la lamprea, no veas como la cocinaba Malika…, o continuaba narrando como Françoise Sagan, en su momento impenitente trotamundos (sí, la que escribió Bonjour Tristesse, que ha acabado siendo más recordada como una pintada en lo alto del edificio que Siza construyó en Berlín que como la novela y película de grandísimo éxito que fue en los tiempos mozos de Don Xabier), a los amigos que venían a visitarla, en su casa de París y  contarle sus últimos viajes, les decía: “ ¿ pero cómo, tú todavía viajas?”.  Otras veces me salía con encendidas alabanzas a Lezama Lima y su encierro habanero “ y era asmático, como tu, así que aprende” me decía como dejando la conversación sentenciada.
 
Más de una vez traté de liarlo en alguna excursión, el se dejaba, tal vez para agradarme o simplemente por pasar el rato, pero nunca conseguí moverlo de su lugar. “Encontré, re-encontré mi lugar”, repetía con frecuencia en alguno de los amaneceres en el pazo mientras, asomado a la ventana, su mirada parecía beber la luz que comenzaba a vestir el valle. 

La página de Malika que te envío hoy habla en parte sobre esto pero no agota ahí sus significados. Seguro que ya lo habrás leído, es parte del conocidísimo artículo ”Brancusi y las mitologías”, que Mircea Elíade publicó por primera vez en 1967. Está más que publicado, pero siempre gusta volver a leerlo. Eso espero. Ya me dirás. Elíade recurre a él para explicar la evolución del hacer de Brancusi tras su viaje, de Rumanía a Paris. Es un cuento de la tradición judía que podemos encontrar en  otras muchas antologías; en el Conde Lucanor del Infante Don Juan Manuel, sin ir más lejos. Según las versiones cambia el personaje y el lugar pero la esencia es la misma, cultura popular en el sentido más puro. Una pequeña joya.

Al volverlo a leer, al encontrarlo entre los escritos que nos dejó Malika, me acordé de una anécdota  sobre Alejandro de la Sota que me contó un profesor que tuve en Madrid. Más o menos es esta: Cuando Sota daba clase en la Escuela de Arquitectura de Madrid (no hablemos de la canallada que le hicieron al negarle la plaza) había puesto no sé que ejercicio y con la excusa había estado hablando de Palladio, de su obra. Mi profesor era entonces alumno de Don Alejandro, escuchó atento las explicaciones sobre las villas palladianas, al salir de clase él y un colega, envalentonados tras unas cañas, se liaron la manta a la cabeza y pusieron, a lomos de una vespa, rumbo a Italia, hacia Palladio. Se recorrieron una por una las obras del de Padua. De vuelta a la escuela, casi dos meses después, para la entrega del ejercicio, a la vez que le enseñaban a Sota sus proyectos quisieron camelárselo narrando sus viajes (había más que contar de lo visto que de lo hecho) entonces el de Pontevedra, con mirada llena de retranca les dijo: “menos viajar hacia afuera y más viajar hacia adentro”.

Como podrás ver son muchas las lecturas que encierra: sobre la necesidad del viaje, del modo de viajar, de lo local frente a lo universal, de las raíces, de la tierra, de los orígenes, sin dejarnos de lado la importancia de los sueños, del mundo onírico*2, que no deja de ser un cuestionamiento de la primacía de la razón como única vía de conocimiento. Nos lleva a volver a reivindicar la necesidad de no alejarse mucho de la sabiduría tradicional o popular, de la necesidad de frecuentarla, nunca, jamás, como folclore sino como fuente viva e inagotable, que nos transporta directamente a las esencias de la cultura, del hombre.

Ya te digo, un cuento tan simple, si me apuras tan obvio, pero que nos abre la puerta a una encrucijada de múltiples caminos. Podemos pensar en Picasso, cuando se encuentra en París con la escultura íbera y al salir le pega un meneo serio a toda la historia del arte occidental.


Pero ahora me vas a permitir que te hable de un viejo proyecto que hice ya hace un tiempo, una tontería, fue mi pfc… Imagínate chico, que diría con acento cubano el tío Oswaldo. Tuve suerte, el año que yo comenzaba el pfc apareció por la escuela, de la mano de Cesar Portela, Oscar Tenreiro desde Caracas, con un proyecto de monumento a Cristóbal Colón en Macuro, en la península de Paria, allá en Venezuela. Este y una vivienda en Oleiros eran los temas de ese año. Casualidad. Mi familia paterna es de Oleiros, por entonces una aldea próxima a Coruña, hoy un suburbio más o menos bien ordenado, y desde ahí mi padre, como el resto de mis parientes, emigraron a Venezuela. Escogí Venezuela, bucear en una parte de mis orígenes. En la península de Paria fue donde los españoles pisaron el continente americano por primera vez tras el descubrimiento de 1492. Esa era la excusa para hacer un monumento a Colón. Inmediatamente recordé las conocidas palabras de Adolf Loos:

 “Así es. Solo hay una pequeña parte de la arquitectura que pertenezca al arte: el monumento funerario y el monumento conmemorativo… Cuando encontramos en el bosque una elevación de seis pies de largo por tres de ancho, moldeada con una pala en forma piramidal, nos ponemos serios y algo dentro nuestro nos dice: aquí ha sido enterrado alguien. Eso es arquitectura.”*4

Desde aquí comencé a estudiar el monumento como proyecto en el movimiento moderno y poco a poco, muy de la mano de mis lecturas de Gideion*5, me fui alejando en busca de otros orígenes:

"No sigas las huellas de los antiguos.
Busca lo que ellos buscaron".*6

Estaba fascinado ante la enorme aventura del descubrimiento, una panda de tipos metidos en unos cascarones de madera rumbo a los desconocido; no se me ocurría mejor definición de lo que debe ser un viaje en toda regla.*7 En el fondo también tenía muy presente cuando mi padre, apenas un chaval, viajó en busca de fortuna a Venezuela. Quise llegar a la esencia del viaje. La encontré en el viaje hacia uno mismo, el gran desconocido. El viaje, fundamentalmente, cuando no es turismo, ni parte del engranaje de ese mal de la cultura contemporánea que es el “all is entertainment”, puede servir para atisbar rincones de uno mismo antes insospechados. Por eso el proyecto se enterraba, para trabajar con la oscuridad, el no espacio, como clave de proyecto junto con como ser monumental en el vacío.

Qué difícil es contar los proyectos, verdad?. Hace poco le escuché a Jordi Badía decir que parecía que los arquitectos hacíamos proyectos sólo para contarlos. Que pillo, que razón tiene. No dejo de sentirme ridículo cada vez que intento contar algún proyecto, así que si me disculpas del de Macuro, pecado de juventud, seguiremos hablando en otra ocasión; un día, si quieres, te lo enseño. Te envío unos dibujos. Por si te sirve de algo, lo dudo, te diré que los postes hincados sobre la base pétrea en cruz eran de acero inoxidable bruñido, como el interior de la cúpula que solo en un  determinado momento del año se iluminaba levemente para permitir que el visitante, el viajero, se observase como un distorsionado reflejo sobre las paredes para encontrarse, al final de ese trayecto, frente a uno mismo, tal vez para volver siendo otro, mejor. Como verás Brancusi no andaba muy lejos, de hecho en esa época no dejaba de mirar las fotos que hizo de su obra en su estudio. Sigo haciéndolo, como me fascina esa mirada suya sobre si mismo y su lugar.

Ya ves, fue intentar contarte algo de mi proyecto y quedarme sin palabras. Mejor así. No quiero contar proyectos, quiero construirlos. Pero por ahora… leamos.

Por eso, Carlos, te dejo con lo importante, con la séptima página de Malika. Dentro de poco te enviaré otra, si te parece oportuno.

Un abrazo de oso y jejeje, sigue disfrutando de tus siempre merecidas vacaciones.

Carlos Pita

  
*1. Con retranca, vaya; muy irónica, pícara. Disculpa, Carliños, no sé decirlo mejor en español. 
*2. Me imagino que ya las habrás leído, “Mi último suspiro”. Como las de John Houston son de esas memorias que se leen , el chiste es fácil… en un suspiro, con una sonrisa. Pero si tuviese que recomendarte unas memorias llenas de vitalidad y ternura serían las de Marcelo Mastroianni. Cuando ando flojo, al llegar a casa, suelo leerme alguna página; siempre me devuelven la sonrisa, las ganas de seguir para adelante, o para los lados. Grande Marcelo!!!
*3 Ando estos días leyendo un libro, regalo de Fran Rosell: ”El mundo bajo los párpados” de Jacobo Siruela. Por darte una pista copio la reseña de Andrés Ibáñez (un tipo al que hay que seguir el rastro) que  aparece en la página web de la estupenda editorial Atalanta: “Sin embargo, "El mundo bajo los párpados" no es en absoluto el libro que uno se esperaría encontrar o, al menos, el libro que este lector se esperaba encontrar. Porque no se trata de un ensayo de tipo general sobre el tema de los sueños, ni tampoco de una historia de los sueños, ni mucho menos de una especie de galería de curiosidades y noticias pintorescas. Se trata de algo mucho más infrecuente y todavía más estimulante. Un libro atrevido, valiente, polémico, escrito con una pasión a ratos desbordante, en el que Jacobo Siruela se adentra en un territorio difícil y rabiosamente actual que ya llevaba tiempo explorando como editor. Es el territorio intermedio entre lo que podríamos llamar «mística» o religión (de las cuales nuestro autor se separa con claridad) y la visión mecanicista y literal de cierto pensamiento positivista que se presenta a sí mismo como «científico» o «racionalista». Es decir, el territorio intermedio de la hermenéutica, de Jung, de Hillman, de Patrick Harpur, de Corbin, de Eranos, aunque Jacobo Siruela no se presenta como epígono de ninguna tradición, sino (y esto es lo más sorprendente) como pensador independiente, como agitador intelectual.”
*4 Adolf Loos Escritos II 1910-1931 ed. Al cuidado de A.Opel y J.Quetglas. Trad. A.Estévez, J.Quetglas, M.Vila Biblioteca de Arquitectura. El Croquis Ed.
*5 El presente eterno. Tomo I .— los comienzos del arte. Tomo II.- los comienzos de la arquitectura. Alianza Ed. Tomo III .- La arquitectura fenómeno de transición Ed. GG
*6 Gotas negras, 40 haikus urbanos de Andrés Neuman, que creo vive en Granada, casi como tú, comienza con estos versos de Bashó. La cita forma parte de los “textos del lechero” del Obradoiro34, revista de arquitectura secuestrada, sin publicar, desde hace casi tres años por el COA Galicia, su propio editor.
*6 Si lo piensas le van como anillo al dedo los versos de San Juan. Un proyecto, si realmente hablamos de creación, debería ser eso mismo. Aunque aquí tenemos mucho que discutir. Loos pide permiso para hablar. Luego Don Adolf, luego…
 
En efecto, está el hecho, paradójico para muchos críticos, de que Brancusi parece haber reencontrado la fuente de inspiración "rumana” después de su contacto con ciertas creaciones artísticas “primitivas” y arcaicas.
Ahora bien, esa “paradoja” constituye uno de los temas favoritos de la sabiduría popular. No recordaré aquí más de un ejemplo: la historia del rabino Eisik de Cracovia que el indianista Heinrich Zimmer extrajo de los Cuentos Jasídicos de Martin Buber. Este piadoso rabino, Eisik de Cracovia, tuvo un sueño que le ordenaba ir a Praga: allí, bajo el gran puente que conduce al castillo real, descubriría un tesoro escondido. El sueño se repitió tres veces, y el rabino decidió partir. Al llegar a Praga, encontró el puente, aunque vigilado día y noche por centinelas. Eisik no se atrevió a excavar. Vagando por los alrededores, terminó por atraer la atención del capitán de los guardias, que amablemente le preguntó si había perdido alguna cosa. Con sencillez el rabino le contó su sueño. El oficial estalló de risa:”¡Pobre hombre!, ¿verdaderamente has gastado tus suelas en recorrer todo este camino por un sueño? ¿ Qué persona razonable creería en un sueño?”. También el oficial había oido una voz en sueños:” Me hablaba de Cracovia y me ordenaba ir hasta allí y buscar un gran tesoro en la casa de un rabino llamado Eisik, Eisik hijo de Jekel. El tesoro debía ser descubierto en un polvoriento rincón, donde estaba enterrado, detrás de la estufa”. Pero el oficial no otorgaba fe alguna a las voces oídas en sueños: el oficial era una persona razonable. El rabino se inclinó hasta el suelo, le dio las gracias y se apresuró a volver a Cracovia. Excavó en el rincón abandonado de su casa y descubrió el tesoro que puso fin a su miseria.
“Así pues”, comenta Heinrich Zimmer,” el verdadero tesoro, el que pone fin a nuestra miseria y a nuestras pruebas, nunca está muy lejos, no hay que buscarlo en un país alejado, pues yace sepultado en los lugares más recónditos de nuestra propia casa, es decir, nuestro propio ser. Está detrás de la estufa, centro generador de vida y de calor que gobierna nuestra existencia, corazón de nuestro corazón, y sólo es cuestión de que sepamos excavar. Pero sucede el extraño y constante hecho de que sólo después de un piadoso viaje a una región lejana de un país extranjero, en una tierra nueva, podrá revelársenos el significado de esta voz interior que conduce nuestra búsqueda. Y a este hecho extraño y constante se añade otro: quien nos revela el sentido de nuestro misterioso viaje interior debe ser también un extranjero, de otra creencia y de otra raza”.
 
“Brancusi et les Mythologies” Mircea Elíade. 1967. ”El vuelo mágico” 1995.
 Trad. Victoria Cirlot y Amador Vega. Ediciones Siruela.  
 

5.9.11

Las Páginas de Malika (VI)

Seremos unos burgueses, pero Subterritorios se ha tomado vacaciones, pero regresamos fuerte con una nueva Página de Malika de nuestro amigo Carlos Pita.


Y en los suburbios de Buenos Aires, llenos de casas de plancha ondulada, sin corazón y sin alma, y que, a pesar de todo, tienen uno y otra; pero, nuevos, desconocidos. Y he visto una vivienda obrera de plancha ondulada (completamente), pero muy bien puesta, en la cual  un rosal adornaba la puerta. Era todo un poema de los tiempos modernos.



Busco con verdadero afán esas casas que son “ casas de hombres” y no casas de arquitectos. El asunto es grave. Puede decirse que una casa de hombres es amor. Dejadme precisar por esto lo que respecta al cine: Observad un día, no en uno de esos restaurantes de lujo , en los cuales la intervención arbitraria de los camareros y de los “ sommeliers” destruye mi poema, observad en una pequeña taberna popular, dos o tres comensales que han acabado de tomar su café y están charlando. La mesa todavía está llena de vasos, botellas, platos, la aceitera, la sal, la pimienta, la servilleta, el servilletero, etc. Ved el orden fatal que pone todos esos objetos en relación los unos con los otros; todos han servido; han sido cogidos con la mano de uno o de otro de los comensales, las distancias que los separan son la medida de la vida. Es una composición matemáticamente arreglada; no hay ni un falso lugar, ni un hiatos, ni un engaño. Si un cineasta no alucinado por Hollywood se encontrase, ahí, filmado esta naturaleza muerta en “primer plano”, tendríamos un testimonio de pura armonía. ¿Es posible? Sí, y desgraciados aquellos que buscan falsas armonías, trucadas, comerciales, armonías académicas de Vignola, de 1925 o del último barco. Encuentro en lo que yo llamo” casa de los hombres” estas disposiciones fatales. Por otra parte, ya me he explicado en “ Una Casa- Un Palacio”. Pero altos personajes brasileños estaban furiosos cuando supieron que en Río yo había subido a las colinas habitadas por los negros: “ Es una vergüenza para nosotros, gente civilizada”. Yo expliqué muy serenamente que, en principio, encontraba a esos negros fundamentalmente buenos; de buen corazón. Después, que los encontraba hermosos, magníficos. Luego , que su molicie, el límite que saben imponer a sus necesidades, su capacidad de ensueño interior, su candor, hacían que sus casas estuviesen admirablemente construidas sobre el suelo, la ventana abierta de manera estupenda sobre unos espacios magníficos y con la exigüidad de las habitaciones abundantemente eficaz. Yo pensaba en el problema de las casa baratas de nuestra Europa envenenada por los príncipes del Renacimiento, los papas o el señor Nenot, y mi eterna conclusión, después de haber recorrido durante más de veinte años tantos países, se precisa todos los días: es el concepto de la vida que es menester cambiar; es la noción de la felicidad lo que hay que despejar. Ahí está la reforma; el resto no es más que consecuencia: “ Los negros le asesinarán en esos barrios terribles; son extremadamente peligrosos, son unos salvajes; ¿cada semana se producen dos o tres asesinatos!”. Y yo les contestaba: “ únicamente asesinan al ladrón de amor, aquel que les ha herido en lo más profundo de su carne.¿ Por qué quieren ustedes que me asesinen, a mí, que les miro con una profunda comprensión? Mis ojos y mi sonrisa me protegen, ¡vamos!



Precisiones. Prólogo americano. Le Corbusier.

Escrito el 10 de diciembre de 1929 a bordo del “Lutétia”, mar a dentro de Bahía.                    
Trad. Johanna Givanel. Ed. Poseidon 1978.








Saludos, Carlos:

De nuevo una nueva página de Malika.

Hoy no te me puedes quejar.  Ya has visto, un texto sobre arquitectura. En pleno corazón de la arquitectura. Una página de Le Corbusier. Ahí es nada. Del Maestro, del Cappo di cappi. El solo se inventó una nueva arquitectura, como si el solo se hubiese inventado el gótico, que por cierto nunca ha sido sólo un estilo por mucho que se empeñen académicos de salón y currículo bien adornado. 




Don Xabier era un entusiasta del suizo. Presumía, yo creo que para darme envidia y hacerme rabiar, ya que sabía que yo anduve en la consagración, de haber estado en la inauguración de  Notre Dame du Haut en Ronchamp; y de haber visto Chandigardh en obras, “Algo increíble, Carliños, nunca había imaginado ver tal cosa” solía decirme sabiendo que me gustaba escuchar sus arengas corbuserianas. Lo definía como: “un calvinista convertido a la verdad por la luz del mediterráneo”. Por encima de todo lo consideraba un poeta. Alguien dotado con el duende de la poesía. Por eso, y otras cosas que luego te cuento, no me ha extrañado encontrar entre las páginas de Malika algún que otro escrito del Corbu. El que te traigo ahora es una de las grandes páginas por el escritas. A Don Xabier le gustaba especialmente este libro, sobre todo el prólogo americano, por su tono oral, de conferencia, por ese espíritu heroico, donde América aparece vestida de futuro  lo que le  hacía recordar las historias contadas por su tío Oswaldo, que había hecho la aventura americana en esas mismas fechas. Con  no mucho éxito, todo hay que decirlo. Acabó sus días en el pazo, se sentaba a la solana en el poyo de la entrada de la cocina, siempre callado, pensativo, con una mirada en la que cabía toda la soledad del mundo… tan solo se animaba cuando te acercabas a él y le preguntabas: qué? Señor Oswaldo, que es lo que más añora de sus viajes? Y él, inmediatamente cambiaba de mirada, se le iluminaban los ojos, de nuevo de un verde oceánico ,dibujaba una sonrisa cargada de trópico y respondía con cadencia de malecón: “la Habana, chico… la Habana”  y quedaba con esa sonrisa detenida un tiempo, quien sabe a que caderas enredado, en que morriñas varado. Cuantas historias sin contar de tanto emigrante gallego… todavía nadie ha sabido narrarlas; probablemente ahora que tendremos que volver a emigrar con la misma fuerza de siempre alguien sepa contarnos a nosotros mismos las ilusiones, los miedos, las victorias y las derrotas de tantos que se fueron y de tantos que tendremos que volver a ir…




Como has podido ver, al contrario que habitualmente, he iniciado la página de hoy con el texto trascrito por Malika. Lo he hecho por una sencilla razón: quería que leyeses el texto sin saber quien era su autor. Leer con mirada limpia. Le Corbusier arrastra demasiadas ideas preconcebidas, demasiadas posiciones apriorísticas ante su figura y obra, parece como que ante él hay que tomar partido. Le pasa igual  que a Picasso. No es el momento, me llevaría demasiado espacio y esta carta se alargaría en exceso, para explicar las razones, pero creo que sobretodo domina el desconcierto que supone enfrentarse a la obra y pensamiento de figuras tan desbordantes como estas, que como Aquiles, son verdaderos héroes, precisamente por su humana debilidad.



Más de una vez me habrás escuchado decir, refiriéndome a Le Corbusier, que hay que beber, con sed, directamente del caño de la fuente, nunca agua embotellada. Esto es, dejar a un lado a los académicos, a los eruditos, a los comisarios , a tanto sesudo estudio sobre su obra, e ir directamente al corazón de ella misma. Volver a leer sus libros, contemplar sus pinturas, sus dibujos, estudiar sus planos,  visitar sus construcciones. 

Asistir, como peregrino, a la romería que se celebra el día de Santa María en Ronchamp vale más que siete masters y veinticinco tesis doctorales saturadas de notas a pie de página y su correspondiente bibliografía. Te lo aseguro. ¿ Arrancamos para allá?.




En estos tiempos que corren, donde prima más la información que la experiencia, más la opinión que el conocimiento *1 no debemos dejar que sean otros los que nos filtren, dirijan, nuestras miradas. Debemos ejercitar nuestro propio modo de ver, aprender a mirar sin muletas (recuerda que  cuando digo mirar entiende que me refiero a los cinco sentidos y al mismo pensamiento). Saber mirar por nosotros mismos. Y desde ahí sí que debemos indagar, profundizar en lo visto por otros, enriquecernos con ellos; pero sin olvidar donde está el caño de la fuente, el manantial que provoca todas esas múltiples aproximaciones. Tal vez, todas ellas necesarias ( entre tu y yo……… no hay duda, sobran unas cuantas). 

Don Xabier no era el único en el pazo apasionado por la obra de Le Corbusier. Malika lo tenía en su altar particular. Como ya te dije, ella era oriunda del M’zab, del valle argelino al que tanto debe la obra del constructor de la Tourette. Parece ser, todo lo referente a ella nunca puede ser afirmado del todo, que su padre siendo niño acompañaba a Edmond John Charlot  en sus continuas excursiones por la región. En una de estas fue como se produjo su encuentro con Corbu, que adquirió tintes de gran aventura en el imaginario familiar. Táriq, así se llamaba el padre, al calor del hogar narraba como la mano del “ cuervo” volaba por el papel representando todo lo que veía de una manera que hasta ese momento había sido incapaz de ver. Se entusiasmaba describiendo las líneas, los colores, que le mostraban sus lugares de un modo nunca imaginado y esa pasión arrastraba a Malika y a sus hermanas como el tañer de siete kwitras entre las dunas.




La primera vez que me llevó a su dormitorio me hizo sentar a los pies de la cama, sus movimientos se transformaron, con una delicadeza casi de ritual abrió el cajón de su coqueta, extrajo una carpeta de cartón, como aquellas que llevábamos en la escuela,  fue deshaciendo los lazos de tela verde, uno a uno, ceremoniosamente y sin darme cuenta como, sobre mis manos dejó un dibujo de la mezquita de Sidi Brahim en El Atteuf. Un dibujo cuyo trazo dejaba ver la mano diestra de Le Corbusier  y que en el margen izquierdo tenía la dedicatoria: “ Pour  Táriq, mon petit ami”.




Tras unos instantes de contemplación, donde sentía la mirada eléctrica de Malika estudiando el más mínimo movimiento de mis ojos, empecé a hacer preguntas sobre el dibujo, sobre su procedencia…



Ella, con poderosa sutileza, llevó su dedo índice a mis labios y me dijo: “nunca me preguntes.”                           







 No volví a hacerlo.



  
Bueno, Carliños, te dejo. Seguimos con nuestra cita semanal acordada, si te parece oportuno.







Un abrazo de oso


carlos pita

*1 un claro exponente de esto son los blogs. En su mayoría  meros ejercicios periodísticos(en el peor sentido de la palabra, en el que no interesa), sedientos de novedades, nada precisos, con síndrome wikipedia ( esto es, sin densidad ni rigor cierto)  corriendo detrás de lo último, lo “in”, lo “guay”, cuando no siendo meros recopilatorios de cosas ya publicadas, ya estudiadas…,un todo vale sin medida, un vomitorio incesante, constante, estresante. Me dicen que el otro día a la entrada de la entrega de premios de los Fad los blogs ya habían “colgado” el fallo del jurado… que poco saber estar, que ridículo… “ yo lo dije primero”, “ no fui Yo” ….”primero,primero”…” PRIMERRRR”….” no, tonto, yo” y demás sandeces de patio de colegio pijoliento. ¿ a quien le interesa esto?. ¿a ti?...no me lo creo, ni a ti ni a nadie medianamente sano.

¿Recuerdas la ranchera “ EL REY” del enorme, del todavía más grande, Jose Alfredo Jiménez? (por cierto , uno de los favoritos de Antonio , el mayordomo de Don Xabier)Seguro que sí. En una de sus estrofas dice( como Gardel , Jose Alfredo cada día canta mejor): una piedra en el camino, me enseñó que mi destino era rodar y rodar/ después me dijo una arriero/ que no hay que llegar primero/ sino hay que saber llegar…y venga el estribillo…con dinero y sin dinero/ hago siempre lo que quiero/ y……. Pues eso, me cago en los blogs (con todos los respetos).




15.7.11

Las Páginas de Malika (V)

Quinta carta de Carlos Pita de "Las Páginas de Malika".

Saludos, Carlos

De nuevo una nueva página de Malika.

Me vas a permitir que hoy haga apenas un par de comentarios.

Podríamos liarnos y hablar de la cama; uno de los grandes inventos de la humanidad, sin duda alguna. Podríamos comparar un buen puñado de camas ilustres: las de Le Corbusier en la Rue Molinor, tan elevada, o la del Cabanon, las de Luis XIV, la del apartamento de Loos, con esa alfombra que trepa que nos puede llevar a las de la casa de Melnikov en Moscú, las de las Mil y Una Noches, la de Jefferson en Monticello, que siempre me hace sonreír y recordar a las de Carpanta debajo de un puente, las de Utzon en Mallorca, cualquiera de las de Hugh Hefner(*1), siempre con buena compañía, la de Tarzán y Jane, las de paja al raso en una noche de verano, como esta…

Pero sería irnos por las ramas, por las camas. El “ledikant” de Spinoza, que debió de ser similar al del dibujo de Rembrandt que abre esta carta, de suponer no tan animado o por lo menos sin tanto trajín, la cama de la que habla el texto de Zbigniew Herbert no nos lleva por esos derroteros.

Mejor callarse e invitarte a leer activamente. Que es de lo que realmente tratan estas cartas que te envío.


La página de hoy tiene una particularidad; en el lateral, recorriendo de arriba a bajo el texto, aparecen unos versos del gran poeta polaco. Los he incluido al principio, bajo un retrato de Herbert. Me hubiese gustado publicarlo en su  original posición perpendicular pero mi desconocimiento del Word no me permite tales florituras. Otra vez será.¿Estaría Malika conjurando morriñas de su M’zab natal al trascribirlo en ese estrecho margen del papel? ¿Una grieta, un vertiginoso acantilado de saudades donde las palabras sirvieron de bálsamo a la  afilada añoranza de sus lugares?... Carlos,¿sabremos encontrar los nuestros?

Disculpa la brevedad, como ya te conté, ayer se murió Nacho Salorio, (todo un personaje, entrañable, podríamos echarnos la tarde con la contadera de sus andanzas, pero ahora solo quiero recomendarte que si pasas por Carril, en la ría de Arousa, frente a isla de Cortegada, no dejes de ir a su lugar, de él y de su mujer Emilia, al Loxe Mareiro. Uno de los mejores bares del planeta). Esta mañana asistí a su incineración, no ando nada dicharachero y creo que el viernes intentaré bajarme a Lisboa, por cierto, una de las ciudades fetiche de Emilia y Nacho, a que me den alegría de la buena, con lo que no tendré mucho tiempo que dedicarte. No quería faltar a nuestra  acordada cita semanal, y aquí me tienes escribiéndote. Hay que ser hombre de palabra.

Bueno, Carliños, te dejo con la quinta página de Malika. Dentro de poco te enviaré otra, si te parece oportuno. Prometo estar más locuaz.

Un abrazo de oso

Carlos Pita

*1  ¿Leíste Pornotopía, de Beatriz Preciado? Tiene su guasa. El descubrimiento, regalo, de este libro se lo debo a Jorge Cao, aunque no debió andar muy lejos Moisés Puente. Como ando holgazán entro en la página de Anagrama y te copio el inicio de la reseña del libro, que fue finalista del Premio Anagrama de Ensayo: “En plena guerra fría, el joven Hugh Hefner crea la que pronto se convertiría en la revista para adultos más vendida del mundo: Playboy. Lo que el público desconoce es su pionera labor como artífice de las casas del placer: Playboy no era simplemente una revista de chicas con o sin bikini, sino un vasto proyecto arquitectónico-mediático que tenía como objetivo desplazar la casa heterosexual como núcleo de consumo y reproducción proponiendo frente a ésta nuevos espacios destinados a la producción de placer y de capital. Ésta podría ser la divisa de Playboy: si quieres cambiar a un hombre, modifica su apartamento.” Recomendable lectura playera.
Un país

En la misma esquina de este viejo mapa hay un país que añoro.

Es la patria de las manzanas, las colinas, los ríos perezosos, del vino agrio y el amor.

Por desgracia una gran araña tejió sobre él su tela

y con su viscosa saliva cerró las puertas del sueño.
                
            Y es siempre así: el ángel con la espada de fuego, la araña y la conciencia.





LA CAMA DE SPINOZA

Resulta curioso que los grandes filósofos queden en nuestra memoria en el momento en que su vida tocaba a su fin.  Sócrates levantando la copa de cicuta; Séneca mientras un esclavo le abre las venas(hay un cuadro de Rubens);Descartes vagando por las frías habitaciones del palacio y presintiendo que el papel de profesor de la Reina de Suecia sería el último que desempeñase; el viejo Kant, oloroso a rábano rallado, antes de iniciar su paseo diario(el bastón va delante y cada vez se adentra más en la arena), Spinoza corroído por la tuberculosis, puliendo lentes con paciencia, ya tan débil que no podrá terminar el Tratado del arco iris… Una galería de nobles moribundos, máscaras pálidas, moldes de yeso.

A ojos de sus biógrafos, Spinoza casa invariablemente con el modelo de sabio concentrado por completo en la precisa arquitectura de su obra, del todo indiferente a las cuestiones materiales, libre de toda pasión. Sin embargo existe un episodio en su vida que unos pasan por alto silenciosamente, mientras que para otros es un incomprensible descarrió de juventud.

En el año 1656, muere su padre. En su familia Baruch es tenido por un excéntrico, un joven sin sentido práctico que pierde su valioso tiempo estudiando libros incomprensibles. Gracias a ingeniosas maquinaciones (en este punto juegan un papel fundamental su hermanastra, Rebeca, y el marido de esta, Caceres), le despojan de su herencia, alimentando la esperanza de que el despistado joven ni siquiera se dará cuenta. No fue así.

Baruch llevo el asunto ante los tribunales con una energía que nadie habría sospechado en él; contrató abogados, apeló a testigos, fue concreto y pasional, se orientaba perfectamente en los detalles más sutiles del procedimiento y su papel de hijo perjudicado al que se ha privado de sus derechos resultó al cabo convincente.

Se pusieron de acuerdo relativamente rápido en cuanto a la distribución de los bienes inmuebles (en esa materia había claras disposiciones testamentarias). Pero después, de manera inesperada, llegó un segundo acto del proceso que despertó la repugnancia y el desconcierto generales.

Baruch, como si en él actuará el demonio de la posesión, empezó a porfiar por cada uno de los objetos que procedían de la casa paterna. Todo empezó con la cama en la que murió su madre, Débora (con sus cortinas oliva oscuro y todo). Después exigió cosas que no tenían ningún valor, argumentando que sentía por ellas apego emocional. El tribunal se aburría, incapaz de entender de dónde salían en aquel ascético joven aquellas ganas irresistibles de heredar un atizador, un jarro de cobre con el asa rota, un taburete normal de cocina, una figura de loza que presentaba a un pastor sin cabeza, un reloj estropeado que estaba en la entrada y era una guarida de ratones, un cuadro que colgaba sobre la chimenea, tan ennegrecido que parecía hecho de alquitrán.

Y Baruch ganó el proceso. Ahora podía sentarse con orgullo sobre la pirámide de su botín, lanzando miradas de desprecio a quienes habían intentado desheredarle. Pero no lo hizo. Escogió solo la cama de su madre (con las cortinas color oliva oscuro), y ofreció el resto a los vencidos contrincantes del proceso.

Nadie entendió por qué actuaba de aquella manera. Pareció una extravagancia aunque en realidad se trataba de un acto lleno de un profundo sentido. Como si Baruch hubiese querido decir que la virtud no es el asilo de los débiles, y que la renuncia es el acto de valor de aquellos que cambian (sin penas ni vacilaciones) las cosas que son universalmente deseadas por las causas grandes e incomprensibles.

“Naturaleza muerta con brida” Zbigniew Herbert. 
Trad. Xavier Farré. Ed. Acantilado 2008



4.7.11

Las Páginas de Malika (IV)

Cuarto capítulo de las Páginas de Malika, de Carlos Pita.


Saludos, Carlos

De nuevo una nueva página de Malika. Bueno, más bien dos nuevas páginas aunque una no la trascribió ella.

Te cuento. Estuve la tarde de San Juan, (tarde resacosa y soleada tras la noche, porque en A Coruña la de san Juan es LA NOCHE, sin más, la del sueño de Shakespeare) ordenando y numerando las páginas. Tuve quien me ayudase, cosas del San Xoan…. Hay 479 (que ecos te trae este número?) en su mayoría escritas por delante y por detrás. Los diversos textos como agolpándose, solapándose. Una gran parte están demasiado fragmentados, no dejé de acordarme de Borroughs y su técnica del cutting mientras intentaba seleccionar alguna de estas página para enviártela a esta cita semanal que nos hemos impuesto. Un poco de disciplina no nos viene nada mal, que nos conocemos. Ya te contaré en otro momento la clasificación de textos que hemos hecho. He abandonado, no sé si del todo, el inicial intento de encontrarle un incierto orden premeditado por “a nosa meiga do deserto”.

Pero hoy, mientras caminaba hacia la Mina, venía pensando en  Agustín García Calvo. Como ya te conté en otra carta, desde el 15 de mayo se acerca por la Puerta del Sol a hablar a quien quiera escucharlo (si quieres puedes leer sus palabras en www.editoriallucina.es. Dale las gracias a Xoan Mosquera que fue quien me envió el link).

Pero para mi, fundamentalmente, pensar en García Calvo es pensar, con gratitud, en su traducción de la Ilíada. Y de ahí, no es extraño con la intersección de las concentraciones de los indignados (no me gusta nada esta palabra. El panfleto del francés me parece muy flojo, si me apuras despreciable por ocultar verdades a conciencia, no así la introducción de Sampedro, muy por encima del bajo nivel del texto al que precede, por lo que adoptar este nombre de ”marca”, periodístico, me inquieta bastante) y de los disturbios de estos días en las calles de Atenas, que me decidí a enviarte hoy la página de “El Coloso de Marusi” que Malika trascribió “para nosotros”. Cuando el viernes de San Xoan  la releí, la sensualidad enardecida de la prosa de  Henry Miller volvió a entusiasmarme y a hacerme revolver contra tanto comentario despreciativo y perdona vidas que estos días sufrimos sobre Grecia, contra la sufrida Grecia.


Justo hace un año a estas mismas horas en que te escribo me encontraba regresando a Delphos. Escribo regresando porque aunque era la primera vez que pisaba sus piedras tuve la sensación de volver a un sitio que me pertenecía, es más, al que yo pertenecía . Mirando al valle que se extiende a sus pies deslizándose hacia el mar, entendí perfectamente porque los griegos lo consideraron el Omphalos, el ombligo del mundo. 

Era una tarde lluviosa, los turistas debían de estar refugiados a cubierto, con lo que apenas éramos tres los que nos encontramos visitando el lugar. Me gusta creer que tres nuevos peregrinos.

La poderosa magia del lugar, al ser disfrutada en soledad, me envolvió irremediablemente. Fue una iluminación. 

Llevaba de compañero de viaje al Coloso. Don Xavier  describía a este libro, casi con las mismas palabras que le dedicó Brassaï*1, como la obra maestra de Miller, que por otra parte consideraba su mejor libro, pero por encima de todo como fuente de alegría (contagiosa, te lo aseguro)de la que nace una sensación de eternidad que invade el alma.
Fueron muchas las veladas donde pude escuchar a un Don Xavier, absolutamente arrebatador, hablar y hablar de  Miller , de este libro y de Grecia, de sus paisajes, de su gente, de las noches en el Peloponeso, de sus conquistas en Cabo Sunion, de su pasión por el arte de las Cicladas, por la  música rebética, por el ouzo*2 , por Fidias y Lord Byron muriendo en sus playas y de Bizancio… Para él, probablemente igual que para Miller, la civilización griega representaba el polo opuesto de la vida moderna, deshumanizada y destructora de los instintos vitales. Esta última frase es casi una cita literal, cuando menos una paráfrasis. 

Hoy no me siento capaz de reproducir en esta carta que te escribo ni el lirismo , ni la magnificencia del verbo de Don Xavier y aun mucho menos del amante de Anaïs Nim (por no repetir Henry Miller mira que tonterías hay que escribir, olvídate de lo del amante, lee: Henry Miller); por lo que si me lo permites haré como Malika y te trascribiré una página de El Coloso que he seleccionado. Espero que la disfrutes. Es sobre Epidauro (“No había conocido jamás lo que era la paz hasta que llegué a Epidauro” escribió Miller). La que encontré en la carpeta de las páginas de la argelina es sobre Micenas. Sobre la Tumba de Agamenón o Tesoro de Atreo.

Si alguna vez, si tuviese que escoger una sola vez, una sola obra de arquitectura, en la que la fuerza del lugar , de la construcción hecha por los hombres me ha dejado sin palabras y como a dos pulgadas del suelo, de la tierra, esa sería la primera vez que entré, que entramos Rosa y yo, en la Tumba de Agamenón. Carlos, disculpa, déjame que  la salude, que sé que es lectora de tu blog: 
Hola, Rosiña. ¿todo óptimo? ¿y Bruno? 

Me corrijo, antes escribí que estuve a dos pulgadas de la tierra, miento, nunca me he sentido tan enraizado con la propia tierra. Si puedes vete, deja lo que estés haciendo y corre a Micenas, vuela a las gradas de Epidauro, amanece en Delphos, hínchate a comer erizos a los pies de las columnas del templo de Poseidon. Embriágate intensamente de su bienestar. En serio, no pierdas tiempo, marcha para allá. A que esperas? 

Evidentemente deberás ir no como aquellos que contaba Koolhaas, que iban a las islas griegas a ver las casitas y el pintoresco mientras él visitaba los límites de Berlín, sino con la misma mirada como quien mira al mar, tal vez, mejor, al fuego.

Te dejo entonces con los dos fragmentos de El Coloso de Marusi, primero el que ahora empiezo a transcribir y a continuación el que en algún amanecer gallego la misteriosa Malika escribió sobre la sólida mesa de carballo, renglón a renglón, con letra menuda, clara, allá en el pazo familiar de Don Xabier.

En un principio pensé en copiar el apéndice que cierra el libro de Miller, “una característica carta de Durrell”, de Lawrence Durrell fechada el 10 de Agosto de 1940(si puedes, léela), pero ahora prefiero comenzar a teclear esto:


“En Grecia se tiene la convicción de que el genio, no la mediocridad, es la norma. Ningún país ha producido en comparación con su población, tantos genios como Grecia. En un solo siglo esta minúscula nación ha dado al mundo cerca de quinientos hombres geniales. El arte griego, que se remonta a cincuenta siglos, es eterno e incomparable. El paisaje griego es el más satisfactorio, el más maravilloso que pueda ofrecernos la Tierra.


Los habitantes de este pequeño universo vivían en armonía con su marco natural, poblándolo de dioses que eran otras tantas realidades y con los que vivían en íntima comunión: El cosmos griego es el ejemplo más elocuente de la unidad de pensamiento y de la acción. Persiste todavía en nuestros días, aunque haga mucho tiempo que sus elementos se han dispersado. La imagen de Grecia, por descolorida que esté, continúa siendo un arquetipo del milagro forjado por el espíritu humano. Todo un pueblo, como testimonian los vestigios de sus realizaciones, se elevó a un grado tal que no ha sido igualado ni en el pasado ni en el presente. Fue milagroso. Lo sigue siendo. La tarea del genio, y el hombre no es otra cosa, es impedir que muera el milagro, vivir constantemente en el milagro, hacer el milagro cada vez más milagroso, no rendir homenaje a nada, sino vivir milagrosamente, no pensar, no morir más que milagrosamente. Poco importa lo que se destruya si se salva y nutre el germen del milagro. En Epidauro os encontráis por el intangible residuo de esta erupción milagrosa del espíritu humano. Os inunda como el embate de una poderosa ola que se rompe en la orilla cercana. En nuestros días, la atención se concentra en las riquezas inagotables del universo físico. Debemos fijar nuestro pensamiento en este sólido hecho, ya que nunca había extendido el hombre a este punto el campo de sus rapiñas y devastaciones. Y por eso olvidamos con frecuencia que el reino del espíritu es también fuente inagotable de riqueza, y que no se pierde nada de lo ganado en él. En Epidauro este hecho se convierte en certeza. A fuerza de malicia y de maldad es posible que un día el mundo se resquebraje, pero aquí, aunque el gigantesco huracán desencadene nuestras malas pasiones, se extiende una zona de paz y de clama, pura herencia destilada de un pasado que no se ha perdido completamente.


Si Epidauro es un apacible encanto, Micenas, que goza exteriormente del mismo silencio y sosiego despierta un mundo de pensamientos y de emociones totalmente distintos.”

Pags. 99, 100 y 101 Biblioteca de Bolsillo. Enero1992


Bueno, Carliños, te dejo, ahora sí, con la cuarta página de Malika. Dentro de poco te enviaré otra, si te parece oportuno.


Un abrazo de oso


Carlos Pita



* Las fotos de los disturbios de Atenas las puedes encontrar en boston.com

*1 Brassaï. Henry Miller. Ed Turner. Fondo de Cultura Económica 2002

*2 algún tiempo después de mi regreso a Delphos, fui al pazo buscando compañía y consuelo, a ciertos males que debí  haber curado en Epidauro, con unas botellas de ouzo compradas en el monasterio de Hoisos Loukas. Creo que fue la única ocasión en que  ví a  Don Xabier bebiendo otro destilado que no fuese “su inseparable” Jonnhy Walker( Ya sabes que Vinicius de Moraes decía que el mejor amigo del hombre no era el perro, que era el whisky). El ouzo hizo que acabáramos leyendo versos de Safo a voz en grito. Recuerdo ver, a contraluz, en el quicio de la puerta que daba a la sala grande a Malika sonriendo. Fue la última vez que la vi.



“Las llamas del espíritu corren sobre la tierra, como si pisoteáramos una brújula invisible, en la que sólo la vibrante aguja se ilumina al tocarle una clara radiación solar. Nos dirigimos ahora a la tumba de Agamenón, cuya bóveda está hoy cubierta de una delgada capa de tierra, como si fuera una colcha de fina lana. La desnudez de este lugar donde se oculta un dios es magnífica: Hay que detenerse antes de que el corazón se os inflame. Hay que inclinarse y coger una flor. Por todas partes se ven trozos de alfarería y excrementos de cordero. El reloj se ha parado. La tierra oscila durante una fracción de segundo, antes de reanudar su eterno latido.


Todavía no he cruzado el umbral. Estoy afuera, entre los ciclópeos bloques que flanquean la entrada de la galería. Soy el hombre que pudiera haber llegado a ser, y acepto todos los beneficios que la civilización quiera concederme con real magnanimidad. Recojo este potencial de civilizado fiemo y hago con él un apretado y diminuto nudo de compresión. Estoy hinchado, distendido al máximo como una bola de vidrio en fusión suspendida del tubo de un vidriero. Que me moldee en cualquier forma fantástica, que use todo su arte, que se agote soplando sus pulmones hasta dejarme en cosa fabricada, todo lo más en una hermosa alma cultivada. 


Lo sé, y no concibo más que desprecio por ella. Me quedo plantado allí fuera, moldeado por completo; el alma más bella, la más cultivada, el producto fabricado más extraordinario del mundo. Voy a poner el pie en este umbral, voy a franquearlo...ahora hago este gesto. No oigo nada. Ni siquiera estoy allí para oír cómo estallo y me disemino en mil partículas. Únicamente Agamenón está solo allí. El cuerpo se ha deshecho cuando le quitaron la máscara. Pero él está allí, llena la silenciosa colmena, se desparrama en el aire libre, inunda los campos, levanta un poco más alto el cielo: El pastor se pasea con él y le habla noche y día. Los pastores son gente chiflada: Yo también. No quiero saber nada más de la civilización y de sus productos de almas cultivadas. Renuncié a mi mismo cuando al entrar en esta tumba. De ahora en adelante soy un nómada, un don nadie espiritual: Podéis coger vuestro mundo fabricado y ordenarlo en los museos; yo no lo quiero, de nada me sirve... No creo que ningún ser civilizado sepa ni haya sabido nunca lo que ha tenido lugar en este recinto sagrado: Eso está más allá del conocimiento y la compresión del hombre civilizado, él está al otro lado de esa pendiente cuya cima fue escalada mucho antes que él o sus antepasados estuvieran en el mundo. A eso llaman la tumba de Agamenón… Bien tal vez uno llamado Agamenón descansa aquí. ¿Y qué? ¿Voy por eso a quedarme parado, abriendo la boca como un idiota? No lo haré. Me niego a detenerme en ese hecho, demasiado sólido. Aquí me elevo, como poeta, narrador, cuentista o mitólogo, sino como espíritu puro. Digo que el mundo entero, abriéndose en abanico en todas direcciones de este lugar, vivía antiguamente de un modo que nadie es capaz de imaginar. Digo que lo dioses erraban por todos los lugares, que eran hombres como nosotros en forma y en esencia, pero estaban libres, eléctricamente libres. Al desaparecer de esta tierra se llevaron consigo el único que jamás les arrancaremos mientras no seamos libres de nuevo. Un día sabremos que es la vida eterna: el día en que dejemos de asesinar. Aquí en este lugar dedicado a la memoria de Agamenón, un crimen horrible y secreto a marchitado la esperanza humana. Dos mundos yacen yuxtapuestos: el de antes y el de después del crimen: El crimen contiene un misterio tan profundo como la salvación. Palas y azadas no descubrirán nada importante: Los cavadores están ciegos, van a tientas hacia algo que jamás verán. Todo lo que se desenmascara se desmorona al tocarlo. Y de la misma forma se desmoronan los mundos. Podemos cavar eternamente topos, pero el miedo estará siempre con nosotros, clavándonos sus garras y violándonos.



Casi no puedo creer hoy día que lo que cuento haya podido ser la obra encantada de una breve mañana.”



Henry Miller. The colossus of Maroussi. 1949

trad.-Ramón Gil Novalis Ed. Seix Barral 1992